El entrenador José Ruiz advierte que imponer dietas extremas y doble entrenamiento después de excesos alimentarios es el mayor error que se puede cometer.
El peso extra no es solo grasa corporal
Cuando la báscula marca más kilos tras días de excesos en la alimentación, el aumento no corresponde únicamente a grasa corporal. Según el entrenador personal José Ruiz, citado por la revista Men’s Health, el incremento se debe principalmente a mayor glucógeno almacenado, retención de líquidos, más sodio en la dieta, digestiones más pesadas y menor actividad física habitual.
Estos factores provocan fluctuaciones en el peso que no reflejan un cambio real en la composición corporal. Ruiz señaló que la percepción de haber perdido toda la forma física en dos semanas es exagerada y suele estar basada en el miedo al retroceso. El cuerpo, precisó, no cambia radicalmente en tan poco tiempo.
Restricciones extremas llevan al abandono
Al retomar la rutina, muchas personas cometen el error de “hacer exactamente lo contrario de lo que necesitan”, según Ruiz. Es común que comiencen a entrenar todos los días, eliminen los hidratos de carbono, hagan horas de cardio y vivan con hambre durante varias semanas. Estas conductas terminan en agotamiento, baja adherencia y abandono de los nuevos hábitos.
Además, intentar perder en una semana lo que se ganó en unos días de mala alimentación resulta contraproducente: se pierde masa muscular, se reduce la energía disponible y se dificulta mantener resultados a largo plazo. El entrenador insistió en que no hay que convertir el regreso a la rutina en un castigo.
Fuerza, sueño y alimentos frescos como punto de partida
Ruiz propone una estrategia concreta: volver a entrenar fuerza, recuperar horarios, dormir mejor, comer alimentos frescos la mayor parte del tiempo y aumentar el movimiento diario. No se trata de hacer más, sino de regresar a lo que ya mantenía saludable a la persona antes de los excesos.
El entrenador indicó que quienes conservan un buen físico no viven permanentemente a dieta, sino que comen bien la mayor parte del tiempo, entrenan con regularidad y se mueven todos los días. Entender que algunos días de alimentación desordenada forman parte de la vida es fundamental para evitar la culpa y el castigo.
Sin prisas ni extremos, el regreso a la rutina debe verse como una oportunidad para reconstruir hábitos cotidianos de forma sostenible.